CAJÓN DE SASTRE: El día que nos hicimos italianos: Boscán y Navagero, por Raúl Molina. Junio 2012




Grabado de la carta de Boscán a la Duquesa de Soma 
en los Jardines del Generalife de la Alhambra de Granada
Las formas de entender determinadas realidades varían a través del tiempo gracias a la acción de genios que intervienen sobre ellas: en 1492 se da por finalizada la Reconquista con la caída del Reino de Granada de forma que los Reyes Católicos logran un principio de unidad política y territorial, esto hace que los aspectos bélicos pasen a un segundo plano y puedan empezar a cuidarse los elementos culturales. Durante esos años, concretamente entre 1487 y 1492, nace en Barcelona Juan Boscán, que en 1526 iba a tener una interesante conversación con Navagero, poeta italiano, que sería uno de los puntos de inflexión más importantes de la historia de la poesía española, pues fue a partir de este momento cuando entraron en la Península los metros italianizantes y todas las ideas de corte petrarquista (¡Somos europeos!). Sin embargo, antes de llegar a ese punto es conveniente ver cómo era la situación de la poesía en el s.XV:
         La primera de las dos corrientes importantes durante el “siglo de las innovaciones” fue la popular, materializada en los romanceros. En ellos se recopilaban poemas narrativos que se apoyaban en el metro octosilábico y que versaban sobre una gran variedad de temas. Pertenecían a la tradición oral, siendo fijados por escrito en cancioneros como el Cancionero general de Hernando del Castillo (este recoge tanto poemas populares como cultos) o en pliegos sueltos. A continuación podemos ver dos ejemplos de este tipo de composiciones, uno de ellos de temática fronteriza y el otro de corte amoroso:


Abenámar y el rey don Juan

 «Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había.
Estaba la mar en calma,                
la luna estaba crecida;
moro que en tal signo nace,
no debe decir mentira.»
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que decía:              
«No te la diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho              
mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,
que era grande villanía:
por tanto pregunta, rey,
que la verdad te diría.                
«Yo te agradezco, Abenámar,
aquesta tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!»
«El Alhambra era, señor,               
y la otra la mezquita;
los otros los Alijares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día              
y el día que no los labra
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,               
castillo de gran valía.»
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
«Si tú quisieras, Granada,
contigo me casaría;                    
daréte en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.»
«Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene             
muy grande bien me quería.»



Fonte frida

 Fonte frida, fonte frida
fonte frida y con amor,
do todas las avecicas
van tomar consolación,
sino es la tortolica,                   
que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera a pasar
el traidor del ruiseñor;
las palabras que le dice
llenas son de traición:                
«Si tú quisieses, señora,
yo sería tu servidor.»
«Vete de ahí, enemigo,
malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde              
ni en ramo que tenga flor,
que si el agua hallo clara
turbia la bebiera yo;
que no quiero haber marido
porque hijos no haya, no;              
no quiero placer con ellos
ni menos consolación.
¡Déjame triste, enemigo,
malo, falso, mal traidor;
que no quiero ser tu amiga              
ni casar contigo, no!»



Ilustración del Laberinto de fortuna que representa, 
supuestamente a Juan de Mena
         La segunda corriente importante es la culta, elaborada principalmente en las cortes de Juan II, Enrique IV y los Reyes Católicos durante el siglo XV. Las formas principales eran la canción y el villancico, en las que se trataban temas religiosos, amorosos, morales y satíricos. En este caso, la gran mayoría de textos se han transmitido por escrito y son de autor conocido, siendo los más avalados, por la crítica y la tradición, Juan de Mena,  Jorge Manrique y el Marqués de Santillana.


Juan de Mena
Canción

    Oiga tu merced y crea,
¡ay de quien nunca te vido!
hombre que tu gesto vea,
nunca puede ser perdido.
    Ya la tu sola virtud,
hermosura sin medida,
es mi todo bien y vida
con esfuerzo de salud;
quien tu vista ver desea,
hablará no enfengido:
hombre que tu gesto vea,
nunca puede ser perdido.
    Pues tu vista me salvó,
cese tu saña tan fuerte;
pues que, señora, de muerte
tu figura me libró,
bien dirá cualquier que sea,
sin temor de ser vencido:
hombre que tu gesto vea,
nunca puede ser perdido.



Retrato de Dante Alighieri  por Sandro Botticelli
         Para entender lo que vendría después con Boscán el día que habla con Navagero hay que viajar de nuevo en el tiempo a la Italia de finales del XIII, donde se había iniciado un movimiento que iba a recibir posteriormente el nombre de Renacimiento, porque su objetivo fue echar la vista hacia la Antigüedad Clásica para tratar de hacer que “renacieran” las ideas artísticas y filosóficas de aquellos magnos siglos. Ello hizo que se popularizaran entre los escritores las ideas del bucolismo pastoril propias de Virgilio, el neoplatonismo, la mitología, el amor cortés…
         Ya en la Vita Nuova  de Dante vemos la destacada importancia de una forma poética que se ha popularizado en Italia será clave en el desarrollo del Renacimiento poético: el soneto (composición de 14 versos, 2 cuartetos y dos tercetos, en endecasílabos y, con la siguiente secuencia de rima ABBA ABBA CDC DCD; aunque pueden haber variantes, principalmente en la rima de los tercetos).



TANTO GENTILE…
Tanto gentile e tanto onesta pare
la donna mia quand'ella altrui saluta,
ch'ogne lingua deven tremando muta,
e li occhi no l'ardiscon di guardare.

Ella si va, sentendosi laudare,
benignamente d'umilta' vestuta;
e par che sia una cosa venuta
da cielo in terra a miracol mostrare.

Mostrasi si' piacente a chi la mira,
che da' per li occhi una dolcezza al core,
che 'ntender non la puo' chi no la prova;

e par che de la sua labbia si mova
uno spirito soave pien d'amore,
che va dicendo a l'anima: Sospira.


Tanto es gentil…
Tanto es gentil el porte de mi amada,
tanto digna de amor cuando
 saluda,
que toda lengua permanece muda
y a todos avasalla su mirada.

Rauda se aleja oyéndose ensalzada
-humildad que la viste y que la escuda-,
y es a la tierra cual celeste ayuda
en humano prodigio transformada.

Tanto embeleso el contemplarla inspira,
que al corazón embriaga de ternura:
lo siente y lo comprende quien la mira.

Y en sus labios, cual signo de ventura,
vagar parece un rizo de dulzura
que el alma va diciéndole: ¡Suspira!



Retrato de Francesco Petrarca
Si bien es cierto que la magnificencia de Dante llega a su cima con La divina comedia, en la que llega a aparecer como personaje el anteriormente citado Virgilio, no se quedan retrasadas en cuanto a calidad otras composiciones breves como las anteriores.
         El siglo XIV se inicia en Italia con el nacimiento del poeta que más va a influir en la lírica española, y de gran parte de Europa, de los siglos XV y sobre todo del XVI: Francesco Petrarca (1304-1374). Hemos dicho que ya en Dante, e incluso anteriormente, se desarrolla el sonetto y el endecasílabo, pero será en la obra de Petrarca en la que se conjugará a la perfección con los temas anteriormente citados dando lugar alrededor de Europa a toda una serie de obras marcadas por el hierro candente del poeta de Arezzo. Un magnífico ejemplo de su poesía es el siguiente soneto:



Soneto CIV

Pace non trovo, e non ho da far guerra;
E temo e spero, ed ardo e son un ghiaccio;
E volo sopra ´l cielo e giaccio in terra;
E nullo stringo, e tutto il mondo abbraccio;

Tal m´ha in prigion, che non m´apre, ne serra;
Ne per suo mi riten, ne scoglie il laccio;
E non m´ancide Amor, e non mi sferra;
Ne mi vuol vivo, ne mi trae d´impaccio.

Veggio senz´occhi, e non ho lingue e grido;
E bramo di perir, e cheggio aita;
Ed ho in odio me stesso, ed amo altrui;

Pascomi di dolor, piangendo rido;
Equalmente mi spiace morte e vita,
In questo stato son, Donna, per vui.


Soneto CIV (Versión de Jorge A. Piris)

Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Quien me tiene en prisión, ni abre ni cierra,
ni me retiene ni me suelta el lazo;
y no me mata Amor ni me deshierra,
ni me quiere ni quita mi embarazo.

Veo sin ojos y sin lengua grito;
y pido ayuda y parecer anhelo;
a otros amo y por mí me siento odiado.

Llorando grito y el dolor transito;
muerte y vida me dan igual desvelo;
por vos estoy, Señora, en este estado.





Retrato de Íñigo López de Mendoza, 
 el Marqués de Santilana, pintado por Jorge Inglés
         La primera muestra de este tipo de composiciones en España se da en 1438 gracias al Marqués de Santillana (1398-1458), que escribe Los 42 sonetos fechos al itálico modo. En ellos hay imperfecciones en la rima, en el número de sílabas (hay muchos dodecasílabos) y en la distribución del contenido, aún así, su importancia radica en que es el primer intento de aclimatar el endecasílabo a la métrica española, tan fosilizada en el octosílabo. En cuanto a la temática, la gran mayoría versan sobre el amor, aunque también los hay que reflejan el envejecimiento del autor:


Soneto XV

El tiempo es vuestro e si d'él usades        
commo conviene, non se fará poco;
non llamo sabio, mas a mi ver loco,
quien lo impediere; ca si lo mirades,        

   los picos andan, pues, si non velades,
 la tierra es muelle e la entrada presta.
Sentir la mina, ¿qué pro tiene o presta,
nin ver el daño, si non reparades?

   Ca si bien miro, yo veo a Sinón,
magra la cara, desnudo e fambriento,
e noto el modo de su narraçión,

e veo a Ulises, varón fraudulento;  
pues oíd y creer a Lychaón,
ca chica çifra desfaze grand cuento.

 

Retrato de Juan Boscán
  Una vez se ha visto la situación de la lírica española durante la Edad Media y la relación de esta con la italiana, estamos preparados para viajar hasta las últimas décadas del siglo XV: entre 1487 y 1492 nace Juan Boscán en el seno de una familia que gracias a la labor de su abuelo junto al rey Juan II había recibido la protección de los reyes de Aragón. Él entra al servicio de la realeza en 1514 y continuará tras la coronación de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Gracias a ello se instruye en el arte militar, adquiriendo conocimientos militares, un hecho muy común en los humanistas del siglo XVI. Fue gracias a su participación en la expedición que marchó a socorrer la isla de Rodas en 1522 cuando Boscán conoce a Garcilaso, que participó también en la empresa como militar. Este primer trato es clave en la historia de la poesía como podremos observar posteriormente. Durante estos años Boscán comienza su instrucción en el arte de la poesía, creando unas composiciones que continúan la línea marcada por la poesía española del siglo XV. Ellas están recopiladas en el primer libro de sus obras:


Canción XV

         Es tal y tan verdadera           
         mi pena por conoceros          
         que, si tanto no os quisiera,            
         yo quisiera no quereros.                 

Que nuevo caso d'amor           
         ordenáis que'n mí comience:           
         combatirme el desamor,                  
         adonde el amor me vence.               

             No es mucho, pues tan entera              
         es mi pena en conoceros,                
         que, si tanto no os quisiera,            
         yo quisiera no quereros.



XII

         Tristeza, pues yo soy tuyo,             
         tú no dexes de ser mía;          
         mira bien que me destruyo              
         sólo en ver que'l alegría                  
         presume d'hazerme suyo.                
                ¡O tristeza!,           
         que apartarme de contigo               
         es la más alta crueza              
         que puedes usar comigo.                 

             No huyas, ni seas tal                  
         que m'apartes de tu pena.               
         Soy tu tierra natural:             
         no me dexes por la agena,               
         do quiçá te querrán mal.                 
          Pero di,       
         ya que estó en tu compañía:           
         ¿cómo gozaré de ti                 
         que no goze d'alegría?           

             Que'l plazer de verte en mí                   
         no ay remedio para echallo.           
         ¿Quién jamás estuvo así?                
         Que de ver que'n ti me hallo,          
         me hallo que'stoy sin ti.                  
               ¡O ventura!            
         ¡O amor, que tú heziste                  
         que'l plazer de mi tristura               
         me quitase de ser triste!                  

             Pues me das por mi dolor           
         el plazer que'n ti no tienes,              
         porque te sienta mayor,                  
         no vengas, que si no vienes,            
         entonces vernás mejor.          
                Pues me plazes,              
         vete ya, que'n tu ausencia               
         sentiré ya lo que hazes         
         mucho más que'n tu presencia.       
        
        

Retrato de Andrea Navagiero pintado por Rafael
         El poeta barcelonés continúa al lado de Carlos I, lo que provoca que en 1526 marche a Granada junto a la comitiva real a la boda del Rey con Isabel de Portugal. En los Jardines del Generalife conversa con su amigo el poeta y embajador en Venecia Andrea Navagiero, al que había conocido en alguna de sus anteriores estancias en Italia, y este le propone que probara a utilizar los géneros italianos como el soneto y los dirigida a la Duquesa de Soma que aparece como prólogo del segundo libro de sus poesías:


Imagen de los Jardines del Generalife
Porque estando un día en Granada con el Navagero, al cual por haver sido varón tan celebrado en nuestros días he querido aquí nombralle a vuestra señoría, tratando con él en cosas de ingenio y de letras y especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué no provava en lengua castellana sonetos y otras artes de trobas usadas por los buenos authores de Italia. Y no solamente me lo dixo así livianamente, mas aun me rogó que lo hiziese. Partíme pocos días después para mi casa, y con la largueza y soledad del camino discurriendo por diversas cosas, fui a dar muchas vezes en lo que el Navagero me havía dicho. Y así comencé a tentar este género de verso, en el cual al principio hallé alguna dificultad por ser muy artificioso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro. Pero después, pareciéndome quiçá con el amor de las cosas proprias que esto començava a sucederme bien, fui poco a poco metiéndome con calor en ello. Mas esto no bastara a hazerme pasar muy adelante si Garcilaso, con su jüizio, el cual no solamente en mi opinión, mas en la de todo el mundo, ha sido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi demanda. Y así, alabándome muchas vezes este mi propósito y acabándomele de aprovar con su enxemplo, porque quiso él también llevar este camino, al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más fundadamente.



         De esta forma Boscán logra introducir y popularizar las formas y temáticas italianas de ascendencia petrarquista en la poesía española, postulándose como uno de los grandes innovadores de la lírica española hasta ese momento. Si Petrarca nos ofrece en sus versos la imagen de un mundo exterior con especial lugar para lo bello que se convierte en el escenario ideal para la plasmación del sentimiento amoroso, todo ello a imagen de los clásicos latinos, Boscán también lo hará en la medida de lo posible. Va a tratar de demostrar sus conocimientos sobre poesía italiana y sobre la lírica de la antigüedad clásica, mostrándose hacia sus lectores como todo un humanista.
         Vamos a ver ahora la representación de las materias más importantes de su obra. Primero, podemos ver en este poema la imagen del mar. Hay que recordar que fue poeta y soldado, además de embajador, por lo que sus viajes en navío fueron una constante durante su vida, hasta el punto de que aparecen con relativa  asiduidad en su poesía:


Soneto C

En alta mar rompido está el navío
con tempestad y temeroso viento,
pero la luz que ya amanecer siento,
y aún el cielo, me hacen que confío.

La estrella, con la cual mi noche guío,
a vueltas de mi triste lasamiento,
alzo los ojos por mirarla atento,
y dice que, si alargo, el puerto es mío.

Da luego un viento que nos da por popa;
a manera de nubes vemos tierra;
y ha rato ya que dicen que la vimos.

Ya comenzamos a enjugar la ropa,
y a encarecer del mar la brava guerra,
y a recontar los votos que hicimos.


         En este caso es probable que podamos encontrar algún tipo de interpretación alegórica del poema, siendo importante la influencia que recibe del poeta valenciano Ausiás March (“Veles e vents”). Sin embargo, hay otros casos en los que no hace falta ahondar en lo alegórico, pues el propio poeta nos presenta la naturaleza directamente relacionada con el amor, estableciendo una comparación entre el dolor de lo natural y su propio dolor a causa del sentimiento amoroso:


Soneto XCII

Como el ventor que sigue al ciervo herido,
su sangre y sus pisadas rastreando,
y anda tras él, acá y allá ladrando,
hasta verle en el suelo ya tendido;

así, señora, vos me habéis seguido,
mi muerte y mi deshonra procurando,
y la saña y poder sobre mí echando,
que hasta el punto postrero me ha traído.

En ver mi corazón estar llagado,
no dejáis de correrle y acosarle,
dándole siempre allí do le habéis dado.

Y si en algo tenéis algún cuidado,
es en seguirle hasta derribarle,
y en matarle después de derribado.

         En otros casos el amor es visto desde un punto de vista contrario, (“en su loor mis versos ocupase”), aunque ello no será lo usual en su obra (recordemos los poemas citados del primer libro), mucho más centrada en el mal de amor que en la dicha amorosa:


Soneto XXIX

 Nunca de amor estuve tan contento
que en su loor mis versos ocupase,
ni a nadie consejé que se engañase
buscando en el amor contentamiento:

Esto siempre juzgó mi entendimiento:
que de este mal todo hombre se quardase;
y asi, porque esta ley se conservase,
holgué de ser a todos escarmiento.

¡Oh! vosotros que andáis tras mis escritos
gustando de leer tormentos tristes,
según que por amar son infinitos,

mis versos son deciros: "¡Oh, benditos
los que de Dios tan gran merced hubistes
que del poder de amor fuésedes quitos!"



“Hero y Leandro”, por Etty Williams
         Serán importantes también los poemas de tema mitológico, a través de los cuales demuestra sus conocimientos sobre la antigüedad clásica. Un claro ejemplo de ello en Boscán es el poema de “Hero y Leandro”, extenso poema épico (2793 versos) de tema mitológico, por lo que solo está reproducido aquí el fragmento final:


“Poema de Hero y Leandro” (fragmento final)

Este andar peleando duró tanto
que Leandro, que'n fin era de carne
començó, el triste, de perder sus fuerças.
Empeçaron sus braços a vencerse,
sus piernas anduvieron desmayando,          
entrávale la muerte con el agua,
y dél a su plazer tomava el tiempo.            
Él, viéndose morir entre'stos males,           
la postrer cosa que hizo el desdichado
fue alçar los ojos a mirar su lumbre.          
Y aquel poco d'aliento que tenía,                
echóle todo en un gemido baxo,                 
embuelto en la mitad del nombre d'Hero.            
Y allí un golpe le dio del mar tan bravo,              
que le sorbió del todo en un instante,                   
y en este mismo punto, un torbellino         
acabó de matar la lumbrezilla,          
testigo fiel y dulce mensagera,         
d'estos fieles y dulces amadores.                
Começó a esclarecer en este tiempo,          
y Hero, con furia de mortal congoxa,                   
con los ojos buscando toda el agua,            
buscando las riberas y buscando                 
más allá que llegava con su vista,               
no viendo nada, en fin, cayó de pechos                
en la ventana, sobre las barandas.               
Y acaso, sin sentir cosa que hiziese,           
que ya poco sentido le quedava,       
hazia'l pie de la torre miró el suelo,           
y su Leandro vio muerto en l'arena.            
Entonces, con la ravia de la muerte,           
a rasgar empeçó sus vestiduras,                  
mesando sus cabellos y arañando     
su lindo rostro, sus hermosos pechos,                  
inchiendo d'aullidos todo'l campo.             
Tras esto, así, sin más pensar su muerte,              
dexándose caer de la ventana,           
dio sobre'l cuerpo muerto de Leandro,                 
que aún entonces se l'acabava el mundo.              
Y así se fueron juntas las dos almas           
a los campos Elisios para siempre.

        

Supuesto retrato de Garcilaso de la Vega

         Por último, para entender verdaderamente la importancia de la conversación entre Navagero y Boscán, hay que fijarse en Garcilaso de la Vega, íntimo amigo de Boscán y cultivador gracias a este de la poesía de ascendencia petrarquista. Garcilaso es instruido por Boscán, y ambos recorren juntos las sendas de la poesía italianizantes desde que se conocen en 1522 hasta la muerte de Garcilaso en 1536 en el asalto a la fortaleza de Le Muy. Tras esta fecha Boscán le dedica algunas obras:



Soneto CXXIX
Garcilaso, que al bien siempre aspiraste
y siempre con tal fuerza le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste,
en todo enteramente le alcanzaste,

dime: ¿por qué tras ti no me llevaste
cuando de esta mortal tierra partiste?,
¿por qué, al subir a lo alto que subiste,
acá en esta bajeza me dejaste?

Bien pienso yo que, si poder tuvieras
de mudar algo lo que está ordenado,
en tal caso de mí no te olvidaras:

que o quisieras honrarme con tu lado
o a lo menos de mí te despidieras;
o, si esto no, después por mí tornaras.


Lo que hizo Garcilaso en vida ya es historia de la literatura universal. Teniendo a Boscán como “maestro italianizante” logrará superarlo con creces, estableciéndose en la cumbre de la lírica española del Renacimiento. Nunca una obra poética tan reducida iba a crear tamaña escuela inmediatamente: Gutierre de Cetina, Hernando de Acuña o Diego Hurtado de Mendoza toman su obra como referente.
         En resumen, Navagero vino como embajador de Venecia y de paso italianizó/ europeizó la poesía española, Boscán asimiló su ideología, Garcilaso la llevó a su más extrema magnificencia y durante unas cuantas décadas fuimos el estandarte de la cultura europea. Todo ello gracias a una sola conversación, cuesta creerlo ¿verdad?

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