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Mostrando entradas de abril, 2014

REFLEXIONES EN LA BISAGRA: Las plumas de la doctora Natalia, por Vicent M.B. – Junio 2012

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Me cuesta ubicar la fecha exacta, pero habiendo bufandas de por medio supongo que sería entre noviembre y marzo. Lo que sí recuerdo, por asociación, es que era miércoles. Los martes y los miércoles de esos meses se prestaban al bocata, por aquello de que echaban por la tele un partido de Copa de Europa. Y los martes era el día de jugar a futbito con el equipo intelectualmente más brillante de la ciudad, una plétora de especialistas en los más variados campos de la física del cosmos entre los que se contaban sorprendentes magos del balón. Como aquel cerdo porteño que lo hacía todo bien, desde su ciencia hasta las fintas con la zurda. Así que, como recuerdo que aquel día había comprado una chapata en el despacho de pan que había camino de casa, solo queda, por eliminación, la opción del miércoles. Las pachangas acababan demasiado tarde como para pillar la tiendecita abierta. Recuerdo además que era una chapata porque se me quemó. Se me quemó dentro del horno, donde la había metido

EL ARPA DORMIDA: Sara Teaslade: Siempre habrá estrellas… por Ancrugon – Junio 2012

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Epitaph Serene descent, as a red leaf's descending When there is neither wind nor noise of rain, But only autumn air and the unending Drawing of all things to the earth again: So be it; let the snow sift deep and cover All that was drunken once with light and air; The earth will not regret her tireless lover, Nor he awake to know she does not care. EPITAFIO Sereno declive, como una hoja roja descendiendo cuando no existen ni el viento ni el ruido de la lluvia, sólo el aire del otoño y, otra vez, el interminable bosquejo de todo lo que hay sobre la tierra. Así sea, dejad que la nieve caiga profunda, y cubra todo lo que una vez fue bebido con luz y aire. La tierra no lamentará a su amante infatigable, ni él despertará para saber que a ella no le importa. ¿Por qué las mujeres suelen enamorarse del hombre equivocado?, me pregunté muchas veces durante mis años de fuego juvenil… Lo peor es que todavía hoy percibo esa viciada inclina