TEMAS E IDEAS: En la esperanza, por Ancrugon – Junio 2012


La finalidad de un huevo
no es crear un pollo
es crear una conciencia
Alejandro Jodorowsky
      

La Esperanza de Jacques Du Brœucq

La Esperanza es la dama que camina constantemente unos pasos por delante de mí, esa a la que siempre sigo y jamás alcanzo… Aunque no debo nunca llegar a ella, ¡nunca!, pues si quisiera hacerla mía, se volatizaría como el humo hasta desaparecer. Ella, lo sé, es como la Fe: creer sin ver, sin tocar, sin oler, sin gustar, sin oír… en la Esperanza de nada sirven los sentidos, sólo quiere mi fidelidad.
Cuando amanezco cada mañana entre la neblina de mis dudas y las tormentas de mis miedos, ella está allí, un poco distante, pero mirándome, brillante como el sol, disipando las sombras y aclarando horizontes, esperándome en esta carrera sin final para darme confianza en que tal vez ocurra o logre aquello que deseo.
A veces, la confundo con el mismo objetivo y brotan de mi boca súplicas de amor con destinos erróneos y frases tan equívocas como: “Tú eres mi única esperanza.” Y ella, la verdadera, la que hasta ese momento iluminaba mi camino, se aleja triste y airada por mi traición.
Cuando, en algunas ocasiones la he perdido, la noche ahogaba mi existencia y la alegría me abandonaba en busca de mejores prados donde el rocío de la risa llene de frescura los tórridos desiertos de la soledad, y eso, os lo juro, no es vida, porque la Esperanza es el motivo que me hace levantar cada mañana, el abrir la puerta y el pisar la calle, ella es el motor que me empuja, las alas que me llevan y la fantasía que me inventa hora tras hora.
En ocasiones la confundo con la Motivación, pero ésta es más corpórea e infinitamente más efímera, pues su existencia se basa en algo puntual que, una vez conseguido, hace que carezca de importancia.
Santo Tomás, aquel primer filósofo de la cristiandad, llamó a la Esperanza “virtud difusa” y dijo de ella “que capacitaba al hombre para tener confianza y plena certeza de conseguir la vida eterna…” Pero yo afirmo que nadie, nadie, podría creer en la eternidad si la Esperanza abandonase la Tierra.
Así mismo, también conozco a sus acérrimas enemigas: la Desesperación y la Presunción. La primera, monstruosa imagen de la nada, sólo se atreve a visitarme cada vez que la Esperanza se aleja y se apresura a llenarme la cabeza de ideas macabras y disparatadas, de odio y cólera, de desgana y abandono… y en esos momentos sería capaz de realizar cualquier locura.
Sin embargo, la segunda aparece incluso en su presencia y se aprovecha de su virtud para hacerme creer que no me merece, que yo soy más que ella, que puedo conseguirlo todo sin su ayuda, que soy casi un dios… y me coloca la venda de la vanidad en los ojos y me surge el desprecio por todo cuanto me rodea. Sin embargo, cuando se me pasa la borrachera de orgullo, la Esperanza, mi dama humilde y comprensiva, me sigue esperando y me perdona estos devaneos de ingratitud.
La Prudencia: No oír, no ver, no hablar.
La Esperanza tiene cuatro grandes amigas naturales, las cuales quiero conocer y con las que pretendo entablar amistad, pero es difícil porque debo merecerme su confianza. Una se llama Prudencia, bella dama cuyas palabras siempre son claras, cautas y justas, y su comportamiento es de respeto a los sentimientos, la vida, la libertad de los otros y sólo se acerca a quienes aman esa misma forma de actuar.
Otra es Justicia, la joven que vive para poner orden en la existencia, la que se niega a ver quien le demanda sus favores para no dejarse intimidar por nada y todo lo mide con equidad y ponderación.
La tercera es Templanza, amante del equilibrio y la moderación en el disfrute de los placeres. Ella sólo admite la compañía de quienes no se dejan dominar por los instintos y saben disfrutar de las cosas bellas de la vida con comedimiento y ternura.
La Justicia
Y la cuarta tiene por nombre Fortaleza, quien huyendo de la temeridad, siempre vence al temor y busca constantemente el bien y se sacrifica por las causas justas.
El ser humano que llegue alguna vez a acercarse a ellas, habrá conocido la felicidad… Pero yo estoy todavía lejos de merecerme su compañía y me reconforto con verlas sobre la colina inaccesible donde crean la sinfonía del universo, pues sin ellas todo sería un caos.
Y al ver mi desconsuelo, la Esperanza, mi dama distante, pero presente y amiga, me sonríe y anima a seguir pues en el camino están esparcidas las migajas de perfección con que nos va regalando la vida.


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