EL ARPA DORMIDA: Marina Tsvetáyeva: La voz del alma, por Ancrugon - Octubre 2012




El amor vive en las palabras y muere en las acciones,
al menos, el amor de los poetas.


Hablar de Marina Tsvetáyeva es hacerlo de la poesía traicionada, humillada y perseguida por la estrechez de miras de los dogmatismos, de la intransigencia, de la crueldad gratuita… Y es que la poesía y las doctrinas no suelen entenderse…


El poeta


El poeta trae de lejos la palabra.
Al poeta lo lleva lejos la palabra.

Entre sí y no, por baches indirectos
de parábolas, signos, planetas,
hasta lanzándose desde el campanario
agarra un garfio, pues el camino del cometa

es el camino del poeta. Casuales eslabones
ése es su enlace. Mirar las estrellas
de nada sirve! en el calendario
no se pronostican los eclipses del poeta

él es el que desordena los naipes,
falsea el peso y las cuentas,
el preguntón en el pupitre,
el que a Kant para el arrastre deja.

El que en el pétreo foso de la bastilla
es como un árbol que crece en su belleza...
aquél de huellas siempre desaparecidas,
él que es el tren al que cualquiera
llega tarde,
su camino es el de los cometas.

El camino del poeta arde pero no calienta,
arranca pero no cría, estalla y se quiebra.
Tu camino es el de enredadas cabelleras,
no pronosticado en el calendario del poeta.


Nacida en Moscú el 26 de septiembre de 1892, hija de Vladimirovich Tsvetaev, profesor de Bellas Artes en la Universidad de Moscú y fundador del Museo Alejandro III, lo que hoy es conocido como el Museo Punshkin, y de una aristócrata polaca amante de la música y la poesía, María Alexandrovna Meyn, segunda esposa de Vladimirovich, concertista de piano y una mujer muy culta, Tsvetáyeva creció en un ambiente de opulencia y de clasismo, pero falta del calor familiar, pues su madre vivía en su mundo de cuento de hadas y su padre siempre estaba concentrado en sus estudios y lejos de la familia, aunque las malas lenguas dicen que él realmente seguía enamorado de su esposa difunta, con cuya familia continuaba manteniendo una estrecha relación. Además, desde el principio, su madre siempre estuvo empeñada en hacer de la niña una gran pianista, por ello, cuando vio la inclinación de Marina por la literatura, lo desaprobó totalmente y no perdía la ocasión de afirmar que su poesía era muy pobre.


Insomnio  10


Otra vez una ventana
donde otra vez no se duerme.
A lo mejor beben vino,
a lo mejor no hacen nada.
O tal vez, manos unidas,
no separan esas manos.
En cada casa, mi amigo,
hay así una ventana.
Separaciones y encuentros:
gritas, nocturna ventana,
quizás hay cientos de velas,
o quizás sólo tres velas.
Sin reposo
mi cabeza.
En mi casa
ha entrado eso.

¡Hay que rezar por la casa sin sueño!
¡Y rezar por el fuego en la ventana!

26 de diciembre de 1916
Versión de Severo Sarduy


A causa de la enfermedad de su madre, huyeron del rígido clima ruso y viajaron hasta Nervi, Italia, donde comenzó a relacionarse con los exiliados revolucionarios rusos. A la muerte de María, cuando Marina contaba con quince años, dejó los estudios de música que le habían sido impuestos y se dedicó por entero a la poesía pues, como ella misma dijo: “con una madre como ella, sólo tenía una opción: convertirse en poeta.” Con dieciséis años comenzó sus estudios en la Sorbona, París, donde tomó contacto con el movimiento simbolista ruso, que tanto influiría en sus trabajos posteriores, sobre todo con relación a dos escritores, Adrey Bely y Aleksandr Blok. Poco tiempo después publicó su primer poemario, “El álbum de la tarde”, en 1910, que llamó la atención del crítico Maximilian Voloshin, el cual se convertiría desde entonces en su mentor. Con él vuelve a Rusia, concretamente a la orilla del Mar Negro, donde conoció al que luego sería su marido, Sergei Efron, un cadete de dieciocho años. Los dos jóvenes estaban profundamente enamorados, lo que no les impidió engañarse mutuamente y con una constancia preocupante. Marina, entre otros escarceos, se relacionó con otra poetisa rusa, Sofía Parnok, con quien vivió un romance tempestuoso lleno de ambigüedades que marcará profundamente su poesía de aquellos momentos donde la llama, indistintamente, “la novia” o “el error”.


A  Ajmatova


¡Oh musa del llanto, la más bella de las musas!
Oh loca criatura del infierno y de la noche blanca.
Tú envías sobre Rusia tus sombrías tormentas
Y tu puro lamento nos traspasa como flecha.

Nos empujamos y un sordo ah
De mil bocas te jura fidelidad, Anna
Ajmátova. Tu nombre, hondo suspiro,
Cae en es hondo abismo que carece de nombre.

Pisar la tierra misma que tú pisas, bajo tu mismo cielo;
Llevamos una corona.
Y aquél a que a muerte hieres a tu paso
Yace inmortal en su lecho de muerte.

Sobre esta ciudad que canta brillan cúpulas,
Y el vagabundo ciego canta loas al Señor…
Y yo, yo te ofrezco mi ciudad con sus campanas,
Ajmátova, y con ella te doy mi corazón.

Versión de Monika Zgustová


Versos a Blok


En Moscú, las cúpulas en llamas.
En Moscú, ya tañen las campanas.
Los sepulcros están aquí, en hilera,
y allí duermen los zares, las zarinas.

Tú no sabes aún que en el alba del Kremlin
se respira mejor que en cualquier otro sitio.
Tú no sabes que en el alba del Kremlin
yo te rezo hasta el alba.

Tú pasas sobre el Neva
y yo sobre el Moscova,
cabizbaja.
Se duermen las farolas.

Te quiero en el insomnio.
Te escucho en el insomnio.
Mientras que por el Kremlin
despiertan campaneros.

Mi río con tu río,
mi mano con tu mano
se ignoran. Cariño mío, alegría
hasta que el alba alcance a la siguiente.

Versión de Severo Sarduy


En 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Efron es enviado al frente y Marina quedó en Crimea con sus dos hijas, Ariadna e Irina, hasta que tres años más tarde llaga la Revolución, que ella rechazará desde el primer momento, y viajan hasta Moscú para reunirse con su marido, pero éste se enrola en el Ejército Blanco y ellas sufren bastantes estrecheces y verdadero hambre durante ese tiempo, pues Marina carecía de recursos con que mantenerse y familia a quien acudir, debiendo enviar a sus hijas a un orfanato estatal creyendo, equivocadamente, que estarían mejor alimentadas allí. Lo triste es que Irina murió de hambre y Ariadna volvió a casa bastante enferma. Entonces le surgieron los remordimientos y un profundo sentimiento de culpa, cayendo en una depresión que pudo superar gracias a otra de sus ambiguas amistades, esta vez con la actriz Sofía Holliday, para quien escribió varias obras de teatro. Durante este tiempo publicó “El campo de cisnes”, glorificando al ejército blanco, quienes lucharon contra los comunistas.



Insomnio  2


Así como me gusta
besar las manos
y ofrendar nombres,
también me gusta
abrir las puertas
-¡de par en par!- a la oscura noche.

Apoyando la cabeza,
oír los recios pasos
hacerse más ligeros,
y cómo el viento mece
el bosque somnoliento
y desvelado.

¡Oh noche!
Van creciendo los arroyos
que en el sueño desembocan.
Ya se me cierran los ojos.
en medio de la noche
alguien se ahoga.

27 de mayo de 1916
Versión de Severo Sarduy


En la frente besar -penas borrar...


En la frente besar -penas borrar.
Beso la frente.

En los ojos besar, -el insomnio quitar.
Beso los ojos.

En los labios besar  -dar de beber.
Beso los labios.

En la frente besar  -la memoria borrar.
Beso la frente.

5 de junio de 1917
Versión de Severo Sarduy


Bendigo la labor nuestra de cada día...



Bendigo la labor nuestra de cada día,
bendigo el sueño nuestro de cada noche,
el divino juicio y la caridad divina,
la ley benévola y la ley de bronce,

mi empolvada púrpura, de harapos cubierta...,
mi empolvado bastón, de los rayos hogar,
y asimismo, Señor, bendigo el pan
en horno ajeno y la paz en casa ajena.

21 de mayo de 1918
Versión de Severo Sarduy


Comediante  4


Ya no te necesito,
y no es porque no contestaras
a vuelta de correo, cariño.

Ni por saber que estas líneas,
escritas con tristeza,
las leerás entre risas.

(Escritas por mí a solas -
¡y sólo para ti!- ¡por vez primera!
con alguien las descifrarás).

Ni porque rozarán
los rizos tu mejilla -¡Soy maestra
en leer acompañada!

Tampoco porque a un tiempo
suspiraréis inclinados
sobre las mayúsculas desvaídas.

Ni porque caerán a la par
vuestros párpados -es difícil
mi letra- ¡y en verso, además!

¡No, amiguito! -Es más fácil,
es peor que un enfado.

Ya no te necesito-
porque... porque-¡Ya no te necesito nunca más!

3 de diciembre de 1918
Versión de Severo Sarduy


Tras la derrota del Ejército Blanco, Marina y su hija Ariadna salieron de Rusia y se reunieron con Efron en Berlín, desde donde viajaron a Praga. Allí vivieron en una gran pobreza, mientras su marido estudiaba Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad Charles. Llevada por la necesidad, tuvo que mendigar las cosas más imprescindibles, como ropa o comida, hasta que consiguió un trabajo como lectora y conoció a un ex militar llamado Konstantin Rodzevitch, con quien mantuvo un idilio que fue la comidilla de la sociedad de exiliados rusos, y comenzó a tener contactos mediante correspondencia con el poeta Rainer Maria Rilke y el novelista Boris Pasternak.


Algunos son de piedra…



Algunos son de piedra, algunos son de barro,
yo resplandezco como plata.
Mi don es la traición y mi nombre, Marina.
¡Soy la leve espuma del mar!

Algunos son de barro, algunos son de carne;
de ellos son lápidas y féretros.
Fue con agua marina mi bautizo. En mi vuelo
fui muchas veces derrotada.

Por cada corazón, también por cada red,
atraviesa mi libertad.
¿Ves esta cabellera ensortijada? A mí
la sal no me irá de la tierra.

Si me estrello y me rompo contra pétreas rodillas,
vuelvo a nacer en cada ola.
Yo celebro la espuma, la magnífica espuma,
la grandiosa espuma marina.

23 de mayo de 1920


Pasar a hurtadillas


Y, quizás, la mejor victoria
sobre el tiempo y la gravitación...
es pasar sin dejar huella,
pasar sin dejar sombra
sobre los muros...

Quizás... ¿renunciando
vencer? ¿Dejar de reflejarse en los espejos?
Así: como Lérmontov por el Cáucaso
pasar a hurtadillas sin asustar a las rocas.

Quizás... ¿sería mejor diversión
con el dedo de Sebastián Bach
no tocar el eco del órgano?
Desintegrarse, sin dejar cenizas
para una urna...

Quizás... ¿con engaño
vencer? ¿Escapar de las latitudes?
Así: por el tiempo como un océano
pasar a hurtadillas sin asustar a las aguas...

14 de mayo de 1923


En 1924 nace su hijo Georgy, al que ella siempre llamaba Mur, y la familia se instala en París durante catorce años. En la capital francesa, comienza a trabajar para la prensa y a editar algún libro, con lo que, junto a una pequeña pensión del gobierno checo, se va arreglando su economía, así mismo, allí se relaciona con el grupo de intelectuales exiliados rusos y, asombrosamente, descubre que estos burgueses representan cada vez menos los sentimientos que ahora, después de sufrir tantas penurias, anidan en su corazón. Lo mismo está ocurriendo con su marido, quien siente una gran nostalgia de Rusia y está cada día más cerca de los círculos revolucionarios. Tras escribir una carta al poeta soviético Vladimir Mayakovsky, el periódico parisiense “Las últimas noticias”, le rescinde el contrato. Ante esto, ella comienza a escribir a todos sus amigos y conocidos pidiendo ayuda, la cual le llegará de una princesa georgiana emigrada, Salomea Andronikova, quien se convirtió en su mecenas.


A Boris Pasternak


Distancia: kilómetros y kilómetros?
Nos han dispersado, transplantado
nos han ¡y qué bien estamos
en los lejanos horizontes!

Distancia y lejanías?
Des-pegados, des-soldados.
Apartaron manos, crucificaron
sin saber lo que destruían: la unión total.

De suspiros y tendones
nos malquistaron, nos esparcieron
y exfoliaron.
Muro y foso.
Separados, como las águilas.

Conspiradores y lejanías?
No nos desbarataron; nos perdieron
por los tugurios de las latitudes:
disgregados como huérfanos.

¿Cuál es, pero cuál es, marzo?
¡Como a las barajas nos han cortado!

24 de marzo de 1925
Versión de Carlos Álvarez


Tentativa de celos


¿Cómo te va la vida con otra?
Más fácil, ¿verdad? Golpe de remo.
¿Cuándo -¿pronto?-
por un puente seguro
se alejó de ti el recuerdo

de mí, una isla que flota?
(En el cielo, no en el agua.)
Almas. No amantes,
sino hermanas son nuestras almas.

¿Cómo te va junto a una simple mujer?
¿Sin divinidad alguna?
Tras haber derrocado a tu reina
(tú mismo privado del trono),

¿cómo vives?, ¿te preocupas?,
¿te enfadas? ¿Cómo estás al levantarte?
Con ésa que te ha atado al cuello
su tributo inmortal, el tedio, ¿cómo te va,
pobrecito mío?

«-Estoy harto de convulsiones, de dolor:
voy a agenciarme un hogar.»
¿Cómo te va con cualquiera,
a ti, que fuiste elegido por mí?

¿Es la comida más comestible?
y si te cansa, mala suerte.
¿Cómo puedes vivir con un idolillo,
tú, digno antes del Sinaí?

¿Cómo vives con ésa, tan distinta a nosotros?
¿Una extranjera, costilla de tu pecho?
¿La vergüenza, ese azote de Zeus,
aún no te ha herido la frente?

¿Cómo te va la vida? ¿Estás sano?
Y las musas, ¿te llaman aún a veces?
Y la dicha, ¿se hace ver? ¿Alguna vez?
¿Y esa llaga inmortal -la conciencia-
qué, mi pobre?

¿Cómo vives con un producto
del mercado? ¿Pesa mucho?
Tras el mármol de Carrara,
¿cómo te va con una prótesis de yeso?

Del mismo bloque tallamos a Dios,
para romperlo acto seguido.
¿Va bien una cienmilésima,
para ti, que conociste a Lilit?

¿Estás ya harto de esa mercadería novedosa?
Cansado de mi magia,
¿cómo te va con una mujer terrestre
que carece de sextos sentidos?

Venga, con franqueza, ¿sois felices? ¿No?
¿Cómo se vive en un abismo
sin profundidad amor mío?
Cuesta, ¿verdad?
¿Te cuesta tanto como a mí con otro?

19 de noviembre de 1924


En este periodo, Efron se había implicado con la NKVD, una asociación precursora de la KGB, y su hija Ariadna también comenzó a compartir los pensamientos paternos. Su marido, acusado de asesinato de un desertor soviético, tiene que huir de Francia y marcha a la Unión Soviética y, poco tiempo después, le sigue su hija, quedando Marina y el niño solos en París. Se cuenta la anécdota de que, interrogada por la policía francesa, no respondió a ninguna de sus preguntas y, como única respuesta, se puso a recitar poemas suyos, creyendo los gendarmes que estaba trastornada. En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, decide volver también ella y el hijo, pero no se encontró con el recibimiento que esperaba.



Nostalgia de la patria: ¡qué fastidio!...


Nostalgia de la patria: ¡qué fastidio!
Después de largo tiempo delatado.
Ya me es indiferente
dónde sentirme sola.

Caminar sobre piedras,
a casa con la cesta.
La casa que no es mía:
hospital o caserna.

Me da igual quién me mire
como a un león cautivo.
Cuál es el clan humano
que me ha expulsado -siempre-.

Muy dentro de mí misma,
oso polar si hielo.
Dónde no poder convivir (¡ni lo intento).
Dónde me humillarán -da lo mismo-.

No, mi lengua natal ya no me engaña,
ni materna, me engaña su llamada.
Ya me es indiferente en qué lenguaje
no seré comprendida por el hombre.

(Lector, devorador de toneladas
de periódicos, adicto al cotilleo...)
El es del siglo veinte;
yo: ¡fuera de los siglos!

Enhiesta como un tronco,
resto de la alameda.
Todo y todos iguales;
igual indiferencia.

Lo natal, lo pasado,
rasgos todos y marcas:
toda fecha borrada-
donde ha nacido el alma.

Mi tierra me ha perdido,
y el que investigue, astuto,
el ámbito de mi alma -¡mi alma toda!
no encontrará la traza.

Las casas son ajenas y los templos vacíos.
Me da todo lo mismo.
Mas si aparece un árbol
en el camino, un serbal...

Versión de Severo Sarduy
3 de mayo de 1934


Con su hermana Anastasia detenida, ella estaba bajo sospecha y se dio de narices con todas las puertas cerradas, incluso las de los escritores amigos que temieron por sus propias vidas si le prestaban ayuda. Al poco tiempo, su marido y su hija son detenidos, muriendo Efron fusilado en prisión y estando Ariadna encarcelada durante ocho años, siendo ambos exonerados tras la muerte de Stalin. Mientras tanto, en 1941, Marina y su hijo fueron exiliados a la ciudad de Yeluba, en la República de Tatarstán, donde vivió olvidada del mundo hasta que, el 31 de agosto de 1941, se quitó la vida ahorcándose sin saber nada de lo que les había ocurrido a sus personas más queridas, como podemos comprobar en la carta que dejó para su hijo: “Perdóname, pero seguir así sería peor ya que estoy gravemente enferma, ésta no soy yo y no puedo seguir más. Te amo apasionadamente, pero debes entender que no podía vivir más. Dile a papá y a Alya (Ariadna), si alguna vez los ves, que les amé hasta el último momento y explícales que yo me encontraba dentro de una trampa.”


A Alia (mi hija)


Algún día, criatura encantadora,
para ti seré sólo un recuerdo,

perdido allá, en tus ojos azules,
en la lejanía de tu memoria.

Olvidarás mi perfil aguileño,
y mi frente entre nubes de humo,

y mi eterna risa que a todos engaña,
y una centena de anillos de plata

en mi mano; el altillo-camarote,
mis papeles en divino desorden,

Por la desgracia alzados, en el año terrible;
tú eras pequeña y yo era joven. 

(Versión de Severo Sarduy)


A Rainier Maria Rilke


Rainer, quiero encontrarme contigo,
quiero dormir junto a ti, adormecerme y dormir.
Simplemente dormir. Y nada más.
No, algo más: hundir la cabeza en tu hombro izquierdo
y abandonar mi mano sobre tu hombro izquierdo, y nada más.
No, algo más: aún en el sueño más profundo, saber que eres tú.
Y más aún: oír el sonido de tu corazón. Y besarlo. 

(Versión de Carlos Álvarez)


Hay quien dice que no fue realmente un suicidio, sino que le obligaron a hacerlo, y muchos de sus amigos poetas y escritores se sintieron culpables por este desenlace al no haberle prestado ayuda por causa del miedo. Curiosamente, nunca se ha encontrado su tumba, pero ahora, la casa donde vivió los últimos años Tsvietáieva es un museo en su memoria. Su obra no se publicó en la Unión Soviética hasta después de 1961.



Tu alma y la mía son gemelas...


Tu alma y la mía son gemelas
como mis manos: la derecha y la izquierda.
Tan cálidas y tiernas son unidas
como dos alas de un pájaro dormido.
¡Por un ciclón quedamos separados,
por un abismo, tú y yo, como dos alas! 

(Versión de Larisa Diakova)


Mis versos, escritos tan temprano...


Mis versos, escritos tan temprano
que no sabía aún que era poeta,
inquietos como gotas de una fuente,
como chispas de un cometa,

lanzados como ágiles diablillos al asalto
del santuario donde todo es sueño e incienso,
mis versos de juventud y de muerte
-¡mis versos, que nadie lee!-,

en el polvo de los estantes dispersos
-¡que ninguna mano toca!-,
como vinos preciosos, mis versos
también tendrán su hora.

(Versión de Severo Sarduy) 


Libertad salvaje


Me gustan los juegos en que todos
son arrogantes y malignos,
en que son tigres y águilas
los enemigos.

Libertad salvaje
Que cante una voz altiva:
"¡Aquí, muerte, allí -presidio!"
¡Luche la noche conmigo,
la noche misma!

Volando voy -tras de mí van las fieras;
y con el lazo en las manos yo me río...
¡Ojalá la tormenta
me haga añicos!

¡Que sean héroes los enemigos!
¡Acabe en guerra el convite!
Que sólo quedemos dos:
¡El mundo y yo! 

(Versión de Severo Sarduy)


En conclusión, y tras observar su azarosa vida, Tsvietáieva es una poetisa lírica, incluso en sus trabajos narrativos, llena de fuerza y pasión, como corresponde a una mujer sensible que siempre tuvo dificultades para adaptarse a la realidad. Sus dos primeros libros, “Álbum de la tarde” (1910) y “Linterna mágica” (1912), están escritos desde una infancia y adolescencia tranquilas en un cálido hogar de alta clase media de Moscú, pero ya muestran su perfección en el manejo de las herramientas necesarias para fabricar una buena poesía. Luego llegaron los periodos difíciles de pobreza y de exilio, pero ella concebía  la literatura y la vida como experiencias inseparables, así que siempre insatisfecha y con un permanente anhelo de libertad, amó con ardor, pero con temeridad, por lo que tuvo que inventar un mundo propio, el de sus poemas, donde ella daba vida a sus sueños. En su caso, el arte no deja de ser un espejo del mundo, pero la subjetividad se apodera de la realidad. Hablando de sus temas, tendremos que reconocer que el principal es el amor, aunque es frecuente encontrarse con el fantasma de la soledad y la ilusión de libertad, sin embargo, no nos engañemos, no es una poesía pesimista sino repleta de vitalidad, y de lo que sí podemos estar seguros es que sus versos surgen, en cada momento, de su estado anímico y son un compendio de toda su vida.


Poema del fin



Como la piedra afila el cuchillo,
Como se desliza el serrín al barrer,
Así, aterciopelada, la piel
Húmeda súbitamente en los dedos.

Oh dobles -coraje, sequedad-
De los hombres, ¿dónde estáis,
Si en mis palmas hallo lágrimas
Y no lluvia?

El agua es de la fortuna,
¿Qué más podría desear?
Si tus ojos son diamantes
Que se vierten en mis palmas,

Ya no pierdo
Nada. Fin del fin.
Caricias, caricias
-Acaricio tus mejillas.

Somos así, orgullosas
Y polacas -Marina-,
Cuando en mis manos llueven
Ojos de águila:

¿Lloras? Mi amor,
Mi todo: perdóname.
Trozos de sal
Caen en mis palmas.

Llanto de hombre, veta
Que en la cabeza retiembla.
Llora. Otra te devolverá
La vergüenza que te hice dejar.

Somos dos peces
Del mis-mí-si-mo mar.
Dos conchas muertas
Labio contra labio.

Todo lágrimas.
Sabor
A armuelle.
-¿Y mañana
Cuando
Despierte?

Versión de Monika Zgustová

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