LA LETRA Y LA MÚSICA: Mentiras piadosas, por Eva Sion - Octubre 2012




Buscar obsesiones en sabina es como buscar paja en un pajar, porque el viejo pícaro, a sus sesenta y tres años, aunque él diga que sólo aparenta sesenta y dos, sigue lleno de vida y todo lo quiere disfrutar, tocar, oler, saborear, oír o ver, y se entusiasma con todo y para todo tiene un verso o una metáfora de la que luego, seguramente, surgirá una canción. Por eso, si algún estudioso de sus letras quisiera enumerar los temas en los que basa sus poemas, tendría que reescribir toda su vida, pues en cada minuto encuentra una vivencia y en cada vivencia un motivo y en cada motivo una pasión y en cada pasión una obsesión…

Defender lo indefendible, buscar victorias en las derrotas, belleza en sordidez o pureza en lo turbio, son algunas de sus patrañas de mago parlanchín o algunas de sus virtudes de caballero andante experto, no en deshacer entuertos, pero sí en airearlos a los cuatro vientos sin miedo a que alguien investido de autoridad le pueda decir: “¿Por qué no te callas?”, porque él no lo haría y seguiría y seguiría y seguiría… Porque a él lo que más le obsesiona es su libertad y lo que más le gusta es provocar…

Pero como tengo que elegir una de entre todas, me decantaré por la que en él ha llegado al grado de bondad cuando en el resto de los humanos se ha especializado en el máster de hipocresía, me refiero a la mentira. “Creo en la mentira como una de las bellas artes. Un caballero tiene que mentir todo el tiempo, sino sería un tipo real. A mí las cosas reales no me importan nada”, dijo en una entrevista como podréis comprobar:


Y comenzaremos con una canción de 1990 cuyo título nos viene que ni pintado, “Mentiras piadosas”, esas mentiras que funcionan como placebo: no curan, pero alivian al enmascararnos la cruda realidad: “me pone enferma tanta sinceridad.” Es un recurso que se utiliza en abundancia, pues todos parece que queremos vivir engañados, lo preferimos, porque nos aterra abrir los ojos y ver que nada es como lo habíamos idealizado: “Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera,” y al final aprendemos que la mentira siempre estará con nosotros, será nuestra fiel compañera: “Y así fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir, que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor.”


Cuando le dije que la pasión,
por definición no puede durar,
¿cómo iba yo a saber
que ella se iba a echar a llorar?

No seas absurdo me regañó,
esa explicación nadie te la pidió
así que guárdatela,
me pone enferma tanta sinceridad.

Y así fue como aprendí
que en historias de dos
conviene a veces mentir,
que ciertos engaños son
narcóticos contra el mal de amor.

Yo le quería decir que el azar se parece al deseo,
que un beso es sólo un asalto y la cama es un ring de boxeo,
que las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan,
se marchitan cuando las toca la sucia rutina.

Yo le quería decir la verdad
por amarga que fuera,
contarle que el universo era más
ancho que sus caderas,
le dibujaba un mundo real
no uno color de rosa,
pero ella prefería escuchar mentiras
piadosas.

Y las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan,
se marchitan cuando las toca la sucia rutina.

Y cuando por la quinta cerveza le hable
de esa chica que me hizo perder
la cabeza estalló:
vas a callarte de una vez por favor.

En “Ganas de…”, una canción incluida en el álbum “Esta boca es mía”, de 1994, nos plantea una realidad repleta de mentiras: los clubs… las pastillas de colores… mal de amores… hechiceros… traficantes de estampitas…, para asegurar que “la mentira vale más que la verdad y la verdad es un castillo de arena”… Aquí se puede comprobar la gran variedad de intereses de nuestro protagonista, pues en pequeños flases los va refiriendo, sino directamente, sí por medio de insinuaciones, pero que en conclusión todo se engloba en un mundo de ficción, que a fin de cuentas es donde vivimos, pues la verdad simplemente es algo efímero, algo que se derrumba con facilidad.


Hierven los clubs y los adolescentes
comen pastillas de colores.
Harto de mal vivir el siglo veinte
muere de mal de amores.

Los hechiceros de la tribu resucitan
para invertir en mis pecados
y hacen los traficantes de estampitas
su agosto en el supermercado.

Y la mentira vale más que la verdad
y la verdad es un castillo de arena
y por las autopistas de la libertad
nadie se atreve a conducir sin cadenas.

Y yo me muero de
ganas de decirte que
me muero de
ganas de decirte que te quiero.

Y que no quiero que venga el destino a vengarse de mí
y que prefiero la guerra contigo al invierno sin ti.

Cada mañana salto de la cama
pisando arenas movedizas,
cuesta vivir cuando lo que se ama
se llena de ceniza.

Y por las calles vaga solo el corazón
sin un mal beso que llevarse a la boca
y sopla el viento frío de la humillación
envileciendo cada cuerpo que toca. 

Y en esta misma colección apareció “Más de cien mentiras”. Sabina va enumerando una serie de motivos para seguir vivos, cosas reales, palpables, vividas o por vivir… “Más de cien palabras, más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas, más de cien pupilas donde vernos vivos, más de cien mentiras que valen la pena.” Porque él continúa pensando que nos engañamos para poder seguir...


Tenemos memoria, tenemos amigos,
tenemos los trenes, la risa, los bares,
tenemos la duda y la fe, sumo y sigo,
tenemos moteles, garitos, altares.

Tenemos urgencias, amores que matan,
tenemos silencio, tabaco, razones,
tenemos Venecia, tenemos Manhattan,
tenemos cenizas de revoluciones.

Tenemos zapatos, orgullo, presente,
tenemos costumbres, pudores, jadeos,
tenemos la boca, tenemos los dientes,
saliva, cinismo, locura, deseo.

Tenemos el sexo y el rock y la droga,
los pies en el barrio, y el grito en el cielo,
tenemos Quintero, León y Quiroga,
y un bisnes pendiente con Pedro Botero.

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos un as escondido en la manga,
tenemos nostalgia, piedad, insolencia,
monjas de Fellini, curas de Berlanga,
veneno, resaca, perfume, violencia.

Tenemos un techo con libros y besos,
tenemos el morbo, los celos, la sangre,
tenemos la niebla metida en los huesos,
tenemos el lujo de no tener hambre.

Tenemos talones de Aquiles sin fondos,
ropa de domingo, ninguna bandera,
nubes de verano, guerras de Macondo,
setas en noviembre, fiebre de primavera.

Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas,
que importa, lo siento, hasta siempre, te quiero,
hinchas del atleti, gángsters de Coppola,
verónica y cuarto de Curro Romero.

Tenemos el mal de la melancolía,
la sed y la rabia, el ruido y las nueces,
tenemos el agua y, dos veces al día,
el santo milagro del pan y los peces.

Tenemos lolitas, tenemos donjuanes;
Lennon y McCartney, Gardel y LePera;
tenemos horóscopos, Biblias, Coranes,
ramblas en la luna, vírgenes de cera.

Tenemos naufragios soñados en playas
de islotes son nombre ni ley ni rutina,
tenemos heridas, tenemos medallas,
laureles de gloria, coronas de espinas.

Tenemos caprichos, muñecas hinchables,
ángeles caídos, barquitos de vela,
pobre exquisitos, ricos miserables,
ratoncitos Pérez, dolores de muelas.

Tenemos proyectos que se marchitaron,
crímenes perfectos que no cometimos,
retratos de novias que nos olvidaron,
y un alma en oferta que nunca vendimos.

Tenemos poetas, colgados, canallas,
Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma,
abuelos que siempre ganaban batallas,
caminos que nunca llevaban a Roma.

En 1996 salió a la venta su decimosegundo álbum, “Yo, mí, me, conmigo”, y en él se encuentra la canción “El capitán de su calle”, donde de nuevo nos dice que no es muy normal, ni está bien visto, decir la verdad: “Y por llamarle tanto pan al pan y al vino, vino, la gente bien pensaba mal y decían por la acera del casino que si tal, que si cual, pero a él le daba igual.” Y es que la verdad es siempre dura: “Porque sabía que la verdad desnuda guarda, oculta detrás de la corteza, el hueso de cereza de una duda.”


Porque no quiso ser estatua de sal
le llamaban todos “culo inquieto”,
aparentaba ser un tipo normal
pero guardaba un secreto.

Cuando a los cínicos les dio por rezar
él le puso a Satán una vela,
aprendió todo lo que hay que olvidar
y se escapó de la escuela.

Y por llamarle tanto pan al pan
y al vino, vino,
la gente bien pensaba mal
y decían por la acera del casino
que si tal, que si cual,
pero a él le daba igual.

Porque gritaba cuando había que callar
le llamaban todos “aguafiestas”,
dormía todo lo que había que soñar
sin perdonar una siesta.

Y, aunque nadie daba un duro por él
se volcaba tanto en los detalles
que sin llegar a nada llegó a ser
el capitán de su calle.

Pero en el barrio había un general
que para colmo
lo vio salir de noche a probar,
a buscarle tres patas
a las gatas
y dos peras al olmo
para merendar.

Porque sabía
que la verdad desnuda
guarda, oculta detrás de la corteza,
el hueso de cereza
de una duda.

Y se reía
con la melancolía
que le da la razón a la tristeza
cuando los labios pierden la cabeza.

Porque no sabía vivir sin besar
le llamaban todos “picha brava”
pero él besaba para recuperar
los besos que le faltaban.

Y, aunque la muerte le aterraba pensó
que si la pálida dama llegaba
no desperdiciaría la ocasión
de ver qué tal besaba.

Y, por burlarse de lo más sagrado,
los del juzgado
empapelaron al capitán
y le echaron cinco mil años y un día,
paque aprenda a cantar
en la mazmorra fría.

Porque sabía
que la verdad desnuda
guarda oculta detrás de la corteza
el hueso de cereza
de una duda.

Y se reía
con la melancolía
que le da la razón a la tristeza
cuando los labios pierden la cabeza.

En el mismo álbum “Yo, mí, me, conmigo” encontramos otra canción que habla, repetidamente, de la mentira, “Es mentira”, donde todo se pone en duda, donde todo está bajo sospecha, donde se cumple aquella máxima que dijo alguien que no recuerdo: “Si el vaso esta medio vacío, también puede estar medio lleno, pero una media mentira nunca es media verdad”…


Es mentira que sepa lo que quiero,
es mentira que cante por cantar,
es mentira que sea mejor torero
con toros de verdad.

Es mentira que no tenga ambiciones,
es mentira que crezca mi nariz,
es mentira que escribo las canciones
de amor pensando en ti.

Te digo que... es mentira que fui ladrón de bancos,
es mentira que no lo vuelva a ser,
es mentira que nos quisimos tanto
(parece que fue ayer).

Te juro que... es mentira los Reyes son los padres,
es mentira que ha muerto el rocanrol;
es mentira que sepan a vinagre
los besos sin amor.

Para mentiras las de la realidad
promete todo pero nada te da,
yo nunca te mentí
más que por verte reír.

Menos piadosas que las del corazón
son las mentiras de la diosa razón,
yo solo te conté media verdad al revés
(que no es igual que media mentira).

Es mentira que no tenga enemigos,
es mentira que no tengan razón;
es mentira que acepte que el ombligo
del mundo no soy yo.

Es mentira que nunca te he mentido,
es mentira que no te mienta más;
es mentira que un bulo repetido
merezca ser verdad.

Es una gran mentira que mientan los boleros;
non e vero que nos dieran las diez;
es mentira que sea un caballero
cuando nadie me ve.

Repito que... es mentira el cristal con que me miras;
es mentira que dude de dudar;
es mentira que más de cien mentiras
no digan la verdad.

Para mentiras las de la realidad
promete todo pero nada te da,
yo nunca de mentí
más que por verte reír.

Menos piadosas que las del corazón
son las mentiras de la diosa razón,
yo sólo te conté media verdad al revés
(que no es igual que media mentira).

Mejor que yo miente la necesidad;
sabe de sobra como hacerte llorar;
mi crimen fue vestir
de azul al príncipe gris.

Mira las piernas de la desolación,
llevan las medias que rompió la pasión;
yo sólo canto en blues
del que perdió el autobús.

Los sueños dicen la verdad corazón;
dímelo todo, miénteme, por favor;
yo sólo pretendí
comer reina con alfil.

Pídele cuentas a la pura verdad
que no se pringa, que no tiene piedad;
yo sólo me colgué
medallas que no gané.

Y para concluir lo haremos con una canción, “Embustera”, de su penúltimo disco, “Vinagre y rosas”, del 2009. La primera estrofa no tiene desperdicio: “Siempre voy a tenerte que agradecer que hayas sido conmigo tan embustera y me hayas enseñado lo que es querer: bailar mientras rodamos por la escalera.” ¡Buena definición!... Pero lo que nos interesa son estos dos versos con los que pondremos punto final a la pequeña obsesión de Joaquín Sabina sobre la mentira: “gracias a ti he sabido que la verdad es sólo un cabo suelto de la mentira.”


Siempre voy a tenerte que agradecer
que haya sido conmigo tan
embustera
y me hayas enseñado lo que es
querer:
bailar mientras rodamos por la
escalera.

Has despejado mis dudas
y has logrado que aprendiese
a ser un perfecto judas
desde la jota a la ese.

Contigo He comprendido que la
humedad
es algo que se seca y se olvida,
gracias a ti he sabido que la verdad
es sólo un cabo suelto de la mentira.

Por eso sé que perderte
no era quedarse sin nada,
la muerte es sólo la suerte
con una letra cambiada.

Embustera,
tu corazón
es una cremallera
de Christian Dior,
blanqueas emociones,
traficas con botones
pierdes con mi perdición.

Dormir contigo es repetir francés en
una facultad
donde un Miró parece una esquela
y enseñan cuánto mide la oscuridad:
sumando pesadillas y duermevelas.

Hoy llamo a las rosas pan
y al vinagre desatino;
las mujeres que se van
se quedan en el camino.

Por mucho que me duela, debo
admitir
que otras me ven sin ropa y tú
desnudo.
Será mucho mejor, si pretendo huir,
cortar la cuerda, deshacer el nudo.

Ya no juego en tu tablero.
He roto nuestra baraja.
Sólo diré que te quiero
si es a punta de navaja.

Dormir contigo es repetir francés en
una facultad
donde un Miró parece una esquela
y enseñan cuánto mide la oscuridad:
sumando pesadillas y duermevelas.


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