LA LETRA Y LA MÚSICA: Campanades a morts, por Eva Sion – Julio y Agosto 2012



El desdén puede llegar a grandes cotas de injusticia y desprecio por la libertad cuando es practicado por las clases dirigentes, esas a las que se les llena las bocas de palabras que definen grandes conceptos que ellos se han encargado de prostituir, esas que prometen a sabiendas de que  van a incumplir pensando que todos, menos ellos, somos tontos o ignorantes, esas que se olvidan con frecuente facilidad que su única misión es estar al servicio del pueblo, para creerse propietarios de la verdad absoluta o poseedores a su antojo de las riquezas de una nación… como de forma triste y patética se ha demostrado en estos últimos años en este país que, se supone, es democrático y garante de la libertades individuales y colectivas. Y al pueblo, el que todo lo sufre y todo lo aguanta, no le queda a veces más recurso que salir a la calle para gritar su angustia, su rabia, su frustración… y entonces se le insulta, se le ultraja, incluso se le maltrata…

Era el 3 de marzo de 1976, la ciudad Vitoria-Gasteiz, en plena transición de la dictadura franquista a la época democrática. Desde el mes de enero de ese mismo año se había iniciado una huelga de trabajadores contra el decreto del nuevo Gobierno de Arias Navarro sobre los topes salariales y en demanda de mejoras laborales, y el 3 de marzo se declaró una huelga general. En la iglesia de San Francico de Vitoria se había  reunido una gran multitud en asamblea y desde el Gobierno se ordenó el desalojo del templo y la disolución de tal reunión. El párroco intentó impedirlo incluso mencionando el Concordato con la Santa Sede, pero todo fue inútil y las “fuerzas del orden” lanzaron botes de gas lacrimógeno dentro del recinto. El público salió asustado y con síntomas de asfixia, pero fuera les aguardaba el terror, pues el único diálogo que les esperaba era el de las balas y las porras… Pedro María Martínez Ocio, trabajador de Forjas Alavesas, de 27 años y Francisco Aznar Clemente, operario de panaderías y estudiante, de 17 años, murieron en el acto por heridas de arma de fuego. Romualdo Barroso Chaparro, de Agrator, de 19 años, José Castillo, de Basa, una sociedad del Grupo Arregui, de 32 años y Bienvenido Pereda, trabajador de Grupos Diferenciales, con 30 años, resultaron muy mal heridos y morirían días después por heridas de bala. Además de estas cinco muertes, se contabilizaron cerca de setenta heridos graves y cientos de heridos leves…

Manuel Fraga Iribarne era el ministro responsable de la fuerzas del orden durante estos sucesos, pero se encontraba en Alemania cuando tuvo lugar la masacre y fue Adolfo Suárez González, el Ministro Secretario General del Movimiento, quien le sustituía. Sin embargo el Secretario General del SPD de Alemania se negó a recibir a Fraga considerándolo responsable directo de los hechos. De vuelta a España, Manuel Fraga Iribarne, entonces Ministro de la Gobernación, junto con Rodolfo Martín Villa, Ministro de Relaciones Sindicales, y el General Campano, director de la Guardia Civil, visitaron a los heridos en los hospitales intentando reducir el impacto de rechazo popular que estaba en ascenso.
El resultado fue totalmente el contrario del que esperaban los represores, pues cuando se trata al pueblo como a vulgares delincuentes la razón de cualquier gobierno pierde toda legalidad… quien es incapaz de escuchar y dialogar es incapaz de gobernar… Y el pueblo español había cambiado el miedo por la indignación.


Frente a estos hechos, el siempre comprometido y sensible cantautor de los oprimidos, el poeta y compositor catalán Lluís Llach compuso, como homenaje a la muerte de los cinco obreros, el impresionante tema musical “Campanades a morts” (Campanadas a muertos), que da título a su álbum editado en 1977 con un total de cinco canciones, todas verdaderas obras de arte, las cuales tocan diferentes temas, pero teniendo en común el ser antónimos del desdén: “Campanades a morts”, “A la taberna del mar”, “Laura”, “Vinyes verder vora el mar” y “Cançó d’amor”.

“Campanades a morts”, es una de sus obras más ambiciosas, complejas e importantes, donde Lluis Llach realiza un gran trabajo musical, poético e interpretativo. Llach pone su voz al servicio de la memoria colectiva y denuncia los asesinatos que se produjeron en Vitoria, aunque, al escribirla en los día posteriores a los sucesos, sólo cite tres muertes en lugar de los cinco. El tema se inicia con una marcha fúnebre, que le da un aire trágico, y continúa con una descripción, entrando posteriormente en un oratorio donde la tragedia se hace colectiva y finaliza con un canto a la resistencia popular. Las influencias musicales son muy variadas, pues van desde Berlioz y el impresionismo francés, sobre todo en el uso del metal, hasta Brahms o Mahler, con las cuerdas de la segunda parte, junto con otros recursos propios o populares que, por inesperados, dan bastante originalidad y fuerza a la estructura general. Pero donde realmente se observa la madurez artística de Llach es en su texto poético, manteniendo siempre un lirismo muy inspirado, hay momentos trágicos y apasionantes, apuntando incluso a situaciones épicas, pero huyendo siempre de la fácil demagogia.


CAMPANADES A MORTS

I

Campanades a morts
fan un crit per la guerra
dels tres fills que han perdut
les tres campanes negres.

I el poble es recull
quan el lament s'acosta,
ja són tres penes més
que hem de dur a la memòria.

Campanades a morts
per les tres boques closes,
ai d'aquell trobador
que oblidés les tres notes!

Qui ha tallat tot l'alè
d'aquests cossos tan joves,
sense cap més tresor
que la raó dels que ploren?

Assassins de raons, de vides,
que mai no tingueu repòs en cap dels vostres dies
i que en la mort us persegueixin les nostres memòries.

Campanades a morts
fan un crit per la guerra
dels tres fills que han perdut
les tres campanes negres.

II

Obriu-me el ventre
pel seu repòs,
dels meus jardins
porteu les millors flors.

Per aquests homes
caveu-me fons,
i en el meu cos
hi graveu el seu nom.

Que cap oratge
desvetllí el son
d'aquells que han mort
sense tenir el cap cot.

III

Disset anys només
i tu tan vell;
gelós de la llum dels seus ulls,
has volgut tancar ses parpelles,
però no podràs, que tots guardem aquesta llum
i els nostres ulls seran llampecs per als teus vespres.

Disset anys només
i tu tan vell;
envejós de tan jove bellesa,
has volgut esquinçar els seus membres,
però no podràs, que del seu cos tenim record
i cada nit aprendrem a estimar-lo.

Disset anys només
i tu tan vell;
impotent per l'amor que ell tenia,
li has donat la mort per companya,
però no podràs, que per allò que ell va estimar,
el nostres cos sempre estarà en primavera.

Disset anys només
i tu tan vell;
envejós de tan jove bellesa,
has volgut esquinçar els seus membres,
però no podràs, que tots guardem aquesta llum
i els nostres ulls seran llampecs per als teus vespres.

IV

La misèria esdevingué poeta
i escrigué en els camps
en forma de trinxeres,
i els homes anaren cap a elles.
Cadascú fou un mot
del victoriós poema.


CAMPANADAS A MUERTOS

I

Campanadas a muertos
lanzan un grito para la guerra
de los tres hijos que han perdido
las tres campanas negras.

Y el pueblo se recoge
cuando se acerca el lamento;
son ya tres penas más
para nuestra memoria.

Campanadas a muerto
por las tres bocas cerradas;
¿ay de aquel trovador
que olvidara las tres notas!

¿Quién segó el aliento
de aquellos cuerpos tan jóvenes
sin otro tesoro
que la razón de los que lloran?

Asesinos de razones y de vidas,
que nunca tengáis reposo a lo largo de vuestros días
y que en la muerte os persigan nuestras memorias.

Campanadas a muertos
lanzan un grito para la guerra
de los tres hijos que han perdido
las tres campanas negras.

II
Abridme el vientre
para su reposo,
de mis jardines
traed las mejores flores.
Para estos hombres
cavadme hondo
y en mi cuerpo
grabad sus nombres.
Que ningún viento
perturbe el sueño
de quienes han muerto
sin humillar la cabeza.
III
Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
celoso de la luz de sus ojos
has querido cerrar sus párpados
pero no podrás, porque todos guardamos esta luz
y nuestros ojos serán relámpagos para tus noches.
Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
envidioso de una belleza tan joven
has querido desgarrar sus miembros
pero no podrás, porque recordamos su cuerpo
y cada noche aprenderemos a amarlo.
Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
impotente para el amor que él tenía
le has dado la muerte por compañera
pero no podrás, porque por todo aquello que él amó
nuestro cuerpo estará siempre en primavera.
Diecisiete años, solo,
y tú tan viejo;
envidioso de una belleza tan joven
has querido desgarrar sus miembros
pero no podrás, porque todos guardamos esta luz
y nuestros ojos serán relámpagos para tus noches.
IV
La miseria se hizo poeta
y escribió en los campos
en forma de trincheras
y los hombres marcharon hacia ellas.
Cada uno fue una palabra
del victorioso poema.




La siguiente canción es un arreglo sobre un poema del poeta griego Konstandinos Kavafis, “El vell”, versionado por Gabriel Ferrater, donde nos habla del paso del tiempo y la soledad de la vejez. En ella podemos observar todavía una fuerte influencia de su trabajo anterior “Viatge a Ítaca”, pero con un tono más reflexivo e intimista:


A LA TAVERNA DEL MAR

A la taverna del Mar hi seu un vell
amb el cap blanquinós, deixat anar;
té el diari al davant perquè ningú no li fa companyia.

Sap el menyspreu que els ulls tenen pel seu cos,
sap que el temps ha passat sense cap goig,
que ja no pot donar l’antiga frescor d’aquella bellesa que tenia.

És vell, prou que ho sap; és vell, prou que ho nota.
És vell, prou que ho sent cada instant que plora.
És vell, i té temps, massa temps per a veure-ho.
Era, era quan era ahir encara.

I se’n recorda del seny, el mentider,
com el seny que li va fer aquest infern
quan a cada desig li deia "demà tindràs temps encara".

I fa memòria del plaer que va frenar,
cada albada de goig que es va negar,
cada estona perduda que ara li fa escarni del cos llaurat pels anys.

És vell, prou que ho sap; és vell, prou que ho nota...

A la taverna del Mar hi seu un vell
que, de tant recordar, tant somniar,
s’ha quedat adormit damunt la taula.


EN LA TABERNA DEL MAR

En la taberna del Mar está sentado un viejo,
la blanquecina cabeza decaída,
enfrentado al periódico porque nadie le hace compañía.

Conoce el menosprecio que los ojos tienen por su cuerpo,
sabe que el tiempo pasó sin gozo alguno,
que ya no puede dar el antiguo frescor de la belleza que tuvo.

Es viejo, lo sabe muy bien, es viejo, se da cuenta,
es viejo, y lo nota cada vez que llora,
es viejo, y tiene tiempo, demasiado tiempo para verlo.
Era, era cuando, era ayer, todavía.

Y se acuerda de la cordura, la embustera,
como la cordura le preparó este infierno,
cuando a cada deseo le oponía: ¡mañana tendrás tiempo todavía!.

Y hacen memoria del placer que frenó,
de cada alba de gozo que se negó,
de cada hora perdida que ahora escarnece su cuerpo labrado.


El tercer tema rebosa de ternura, cariño y amor… pero sobre todo de amistad, porque eso es “Laura”, un canto de agradecimiento por el tiempo pasado juntos, por todos los momentos, bueno y malos, y por tanta música y arte que ambos regalaron al mundo, pues esta canción está dedicada a la guitarrista Laura Almerich, quien fue su compañera de muchas aventuras por los caminos de la creación:


LAURA

I avui que et puc fer una cançó
recordo quan vas arribar
amb el misteri dels senzills,
els ulls inquiets, el cos altiu;
i amb la rialla dels teus dits
vares omplir els meus acords
amb cada nota del teu nom, Laura.

M’és tan difícil recordar
quants escenaris han sentit
la nostra angoixa per l’avui,
la nostra joia pel demà...
A casa enmig de tants companys,
o a un trist exili mar enllà,
mai no ha mancat el teu alè, Laura.

I si l’atzar et porta lluny,
que els déus et guardin el camí,
que t’acompanyin els ocells,
que t’acaronin els estels;
i en un racó d’aquesta veu,
mentre la pugui fer sentir,
hi haurà amagat sempre el teu so, Laura.


LAURA

Y hoy que puedo escribirte una canción
recuerdo cuando llegaste
con el misterio de los sencillos,
inquietos los ojos, el cuerpo altivo.
Con la sonrisa de tus dedos
llenaste mis acordes
con cada nota de tu nombre, Laura.

Me es muy difícil recordar
cuantos escenarios han vivido
nuestra angustia por el hoy,
nuestra alegría por el mañana...
En casa, entre tantos compañeros,
o en un triste exilio allende el mar
nunca ha faltado tu aliento, Laura.

Y si el azar te lleva lejos
que los dioses guarden tu camino,
que te acompañen los pájaros,
que te acaricien las estrellas.
Y en un rincón de esta voz
mientras pueda hacerla oír
siempre estará escondido tu sonido, Laura.


Llach realiza en la siguiente canción una excelente musicalización de un precioso poema del poeta catalán Josep M. de Sagarra, potenciando al máximo el lirismo de este canto a la naturaleza surgido de un sentimiento nacionalista profundo:
  

VINYES VERDES VORA EL MAR...

Vinyes verdes vora el mar,
ara que el vent no remuga,
us feu més verdes i encar
teniu la fulla poruga,
vinyes verdes vora el mar.

Vinyes verdes del coster,
sou més fines que la userda.
Verd vora el blau mariner,
vinyes amb la fruita verda,
vinyes verdes del coster.

Vinyes verdes, dolç repòs,
vora la vela que passa;
cap al mar vincleu el cos
sense decantar-vos massa,
vinyes verdes, dolç repòs.

Vinyes verdes, soledat
del verd en l’hora calenta.
Raïm i cep retallat
damunt la terra lluenta;
vinyes verdes, soledat.

Vinyes que dieu adéu
al llagut i a la gavina,
i al fi serrelllet de neu
que ara neix i que ara fina...
Vinyes que dieu adéu!

Vinyes verdes del meu cor...
Dins del cep s’adorm la tarda,
raïm negre, pàmpol d’or,
aigua, penyal i basarda.
Vinyes verdes del meu cor...

Vinyes verdes vora el mar,
verdes a punta de dia,
verd suau cap al tard...
Feu-nos sempre companyia,
vinyes verdes vora el mar!


VIÑAS VERDES JUNTO AL MAR

Viñas verdes junto al mar,
ahora que el viento no remuga,
verdeáis aún más, y todavía
tenéis las hojas miedosas,
viñas verdes junto al mar.

Viñas verdes de la costanera,
sois más finas que la alfalfa.
Verde junto al azul marinero,
viñas con la fruta verde,
viñas verdes de la costanera.

Viñas verdes, dulce reposo,
junto a la vela que pasa;
hacia el mar inclináis el cuerpo
sin encorvaros demasiado,
viñas verdes, dulce reposo.

Viñas verdes, soledad,
del verde en la hora caliente.
Racimo y cepa recortados
sobre la tierra luciente;
viñas verdes, soledad.

Viñas que decís adiós
al laúd y a la gaviota,
y al fino flequillo de nieve
que ora nace y ora muere...
viñas que decís adiós.

Viñas verdes de mi corazón...
cepa adentro se duerme la tarde,
racimo negro, pámpano de oro,
agua, rocas y temor.
Viñas verdes de mi corazón.

Viñas verdes junto al mar,
verdes al romper el día,
verde suave de atardecer...
hacednos siempre compañía,
viñas verdes junto al mar.




Y finalmente presentaremos una de las canciones más complejas y conocidas de Lluis Llach, una canción repleta de sentimiento y emociones, una canción cuyo título la define perfectamente, “Cançó d’amor”:


CANÇÓ D’AMOR

Si avui parlo d’amor
és per dir-vos, potser
sense força ni traça,
que he fet tantes cançons
amagant veritats
sota un joc de paraules.
És potser per això
que me cal dir-ho ara.

Parlaré de les lleis
que fan del nostre cos
tan grollera mentida,
que potser caldrà dir
que les lleis han confós
plusvàlua amb família.
Potser no tinc raó,
potser tu, potser jo.

I parlaré d’aquells
per als qui el cos és presó
de passions condemnades,
i en un llit clandestí,
quan per fi ve la nit,
amagats s’amanyaguen.
No sé si tinc raó,
potser tu, potser jo.

L’amor és el plaer
gratuït i sincer
d’un joc ple de frisances,
un poema de pells
on el sexe és l’accent
d’un senzill llenguatge.
No sé si tinc raó,
potser tu, potser jo.

Si avui parlo d’amor
és per dir-vos, potser
sense força ni traça,
que faré mil cançons
amagant veritats
sota un joc de paraules.
És només per això
que me cal dir-ho ara.


CANCIÓN DE AMOR

Si hoy hablo de amor
es tal vez para deciros
sin fuerza ni maña
que escribí muchas canciones
escondiendo verdades
bajo un juego de palabras.
Quizá no tengo razón,
pero necesito decirlo ahora.

Hablaré de las leyes
que convierten nuestro cuerpo
en tan grosera mentira,
que tal vez deberemos decir
que las leyes han confundido
plusvalía y familia.
No sé si tengo razón,
quizá tú, quizá yo.

Y hablaré de aquellos
para quienes el cuerpo es cárcel
de pasiones condenadas
y en un lecho clandestino
cuando llega por fin la noche
escondidos se acarician.
No sé si tengo razón,
quizá tú, quizá yo.

El amor es el placer
gratuito y sincero
de un juego estremecido
un poema de pieles
donde el sexo es el acento
de un sencillo lenguaje.
No sé si tengo razón,
quizá tú, quizá yo.

Si hoy hablo de amor
es tal vez para deciros
sin fuerza ni maña
que escribiré mil canciones
escondiendo verdades
bajo un juego de palabras.
Solamente por ello
necesito decirlo ahora.

Y hasta aquí hemos llegado con la voz de un hombre que, a pesar de lo que digan quienes quieren denigrarle, siempre ha sido cabal, sincero y justo y por ello ha sufrido el desdén de aquellos que no pueden soportar los pensamientos diferentes, de aquellos que atrapados por sus miedos, temen a otras lenguas, a otras culturas… y mucho más, a las palabras…

Para saber más sobre Lluís Llach:

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